Negro como la noche sin luna llena, tan pequeñito que cabe en mi mano. Unos ojos que revelan una inocencia tan pura, que dan ganas de llorar. Tuve que callarlo por un tiempo, pero ya no puedo más. Tengo que gritarle al mundo que jamás había conocido a alguien así. Cuando llego a casa, no importa a la hora que sea ni el humor que yo tenga, siempre me espera y me brinda su ternura.