sábado, 16 de julio de 2011

Trece Distritos - BARÚ, La joya de Charco Azul

Por: Milagros Pinzón
Foto: Itzia Santamaría y Leiska Saldaña

 

En 1519, Gaspar de Espinosa recorrió, desde Punta Burica, las sabanas costeras chiricanas y se adentró posteriormente hacia el interior del Istmo. Algunos historiadores indican que el temerario conquistador dejó testimonios escritos sobre su encuentro en Chiriquí con aguerridos indígenas de las tribus doraces, bugabas, dolegas y buricas. Después de este primer contacto del ibérico con los naturales en la tierra conocida actualmente como distrito de Barú, no se tienen referencias sobre caseríos en el área. El dato más antiguo se remonta a los albores del siglo XX, cuando Belisario Porras desembarcó con un grupo de sus seguidores liberales en esta zona durante la Guerra de los Mil Días. En 1916, la empresa estadounidense Panama Sugar Company (con negocios en las Antillas) decidió invertir en cultivos de caña de azúcar y establecer un ingenio en el caserío de Progreso, conocido entonces como Cuervo. Se sembraron más de 500 hectáreas, de las 11 mil que poseía la compañía. Progreso experimentó un auge demográfico y económico que obligó a la empresa a mejorar las vías de comunicación terrestre y marítima de la región. En 1917, aproximadamente, surgió la comunidad de Rabo de Puerco, el sitio adecuado para desembarcar y exportar los productos de la Panama Sugar Co.

Se construyó el primer muelle de madera y se extendió un ramal férreo entre Progreso y la nueva terminal portuaria. La designación Rabo de Puerco no resultó del agrado de los habitantes del naciente desembarcadero. Tres años después de la Guerra de Coto y del accidente ferroviario donde perdió la vida el coronel Tomás Armuelles (1921), se expidió la ley que cambió tal designación y nombró Puerto Armuelles al más importante sitio portuario de la provincia. En 1927, entró en vigencia un contrato entre la Nación y la multinacional bananera United Fruit Co., que marcaría el devenir socioeconómico de estas tierras durante décadas. Todos estos acontecimientos se verificaron mientras la zona formaba parte de los distritos de Alanje y Bugaba, pues en 1938, se creó la Comarca del Barú y se eligió a Puerto Armuelles como cabecera comarcal. El distrito de Barú fue creado por Ley 103 del 12 de julio de 1941 y comprendió, además de los corregimientos de Puerto Armuelles y Progreso, las tierras de Breñón y Cañas Gordas. Éstas últimas pasarían a formar parte del distrito de Renacimiento en 1970. De 1970 a 1997, Barú estuvo integrado por tres corregimientos: Puerto Armuelles, Limones y Progreso. 

Una ley de 1998 dio origen a dos corregimientos adicionales: Baco y Rodolfo Aguilar Delgado. En el presente el distrito de Barú comprende 588.9 kilómetros cuadrados y está poblado por 65,515 habitantes. Sus suelos son altamente productivos, se cultivan plátanos, arroz, maíz, frijoles, yuca, sorgo, sandía, ñame y palma aceitera. También hay un gran número de gallinas y cabezas de ganado vacuno, porcino y caballar. Tiene un gran potencial costero al estar bordeada por la hermosa y profunda Bahía de Charco Azul. Entre sus sitios de interés turístico se encuentran: Playas La Victoria, Las Mellizas, Los Olivos y Limones; la isla Burica, la Bahía de Charco Azul, las instalaciones de la Petroterminal de Panamá, el centro comercial de Paso Canoas, la Reserva Natural del Chorogo y el Sendero Corpachí.   

Chiriquí Gráfico - Una Nueva Forma de Atracción Turística en Chiriquí

Redacción y fotos: Eduardo Espinosa y Placacuatro

Las “calzadas” o pasos peatonales, se han convertido en una novedosa creación de autoridades municipales con el objetivo de llamar la atención en áreas específicas y ofrecer a la ciudadanía o turistas, opciones recreativas y de entretenimiento. Ocasionalmente cumplen una función social que es compartida con los promotores de la cultura citadina y verdaderamente llenan un vacío en beneficio de la sociedad.Estas áreas de circulación peatonal son vigiladas constantemente para evitar que los antisociales destruyan su entorno. Se espera que estos modelos se repitan en La Concepción, Puerto Armuelles, Volcán, Dolega, Gualaca, Las Lajas, Boquerón, Alanje y otros centros de población del modo que se ha hecho en David (Barrio Bolívar) y Boquete (Parque Central). [Artículo Revista Placacuatro - 2da. edición 2011]

Chiriquí Gráfico - Córteme el cabello por favor

Redacción y foto: Placacuatro Placacuatro en su recorrido por Barú, captó imágenes de este curioso negocio. La barbería “9Style”, tiene sus instalaciones justo en un carro de tren del antiguo ferrocarril. Los encargados Edwin Espinoza y Boris Canto, brindan sus servicios desde hace un año y 6 meses. ¡Así es nuestra gente! [Artículo Revista Placacuatro - 2da. edición 2011]

viernes, 15 de julio de 2011

OMAKT

Por Klenya Morales de Bárcenas

Aquella noche llegué a casa tardísimo. ¡Gran vaina! Me pasa muy a menudo. El apartamento estaba tal y como lo había dejado en la mañana. No había nada de comer en la nevera. La ropa sucia se apilaba por todos lados. Había llegado a un punto en el que era más viable comprar una camisa nueva que planchar las viejas. Aún no entiendo qué es lo que lo hace a uno seguir adelante, tener entusiasmo y cumplir con lo que sea que uno tiene que hacer. Me preguntaba dónde estaría esa llamita que nos arrastra por el mundo. Juro que si no fuera por la parte ésa del sistema nervioso que hace que las funciones vitales para los seres humanos no sean voluntarias, hace rato me habría muerto. Los días o eran iguales o traían molestas variantes, como quedarte sin gasolina en un paso elevado, rayar tu carro con un objeto fijo o darte cuenta que dejaste la tarjeta de crédito en la caja de la farmacia.


Avancé por el pasillo que lleva a mi cuarto tan a prisa como el desorden me lo permitía, desabotonándome la camisa y revolviéndome el cabello. Arrojé mi bolso de mano a la cama deshecha, hastiada de todo, como siempre y con cero fuerzas ni para encender el televisor. Eso implicaría esfuerzo extra pues tendría que encontrar el control remoto. Sólo un animal encendería el televisor directamente con el botón que está bajo la pantalla. Y fue allí cuando escuché un gritito agudo, que me hizo doler la base del cerebro. Pensé lo peor: “Me han invadido las ratas. Estoy tocando el fondo de la desidia.”

Primero pensé en darle fin a su vida con una de mis plataformas de estampado de serpiente. Lo pensé mejor, luego de que recordé lo que me habían costado. Luego me decidí por mi inmenso cepillo de hacerme blower. Me pareció el arma perfecta. Llena de asco y autocompasión me acerqué a mi colchón de 500 dólares. Siempre he pensado que si voy a pasar tanto tiempo en la cama, al menos debe ser una cama digna. Sabía que nadie más iba a ir a matar al supuesto roedor por mí. Hay cosas que una tiene que hacer por sí misma.

Tardé un rato en desocupar el desorden con mi mano izquierda. Medias de nylon, revistas, los cuatro vestidos que ya no me quedan pero que no me decido a sacar del closet, con la vana esperanza de que algún día mi cuerpo vuelva a entrar en la talla seis. Unos cuatro collares que aunque me entusiasmaron muchísimo en el almacén, no he podido usar con nada de lo que me pongo. Al final lo vi en redado en un enredijo de perlas y turquesas falsas. Él me miró confundido ladeando lo que podría llamarse cabeza hacia su izquierda. Yo lancé un grito desproporcionado. Debí haber gritado más alto. No sabía lo que se me venía encima. De haberlo sabido, hubiera suplicado que fuera una rata. No estoy bromeando.

No voy a describirlo, pues realmente no hay mucho que decir. Hay que verlo para entenderlo. Es un ente pequeño, hecho de lo que parece energía y luz. Es como una ameba con grandes ojazos metidos en un gel brillante y transparente. Pero bueno, ya dije que no voy a describirlo pues sería una pérdida de tiempo. Esta cosa era más una idea que un ser y yo estaba allí, paralizada en el marco de la puerta armada con mi cepillo redondo, pero al mismo tiempo no podía dejar de mirarlo. Concluyo que es un él, porque, eso es lo que él quiere que yo piense. Así es nuestro modo de comunicarnos desde ese día. Llamémoslo una idea persistente. Ahora entiendo que nadie más puede verlo, ni sentirlo, ni comunicarse con él, no porque no exista, sino porque es mío. Parece que lo echaron fuera del mundo de las ideas y el único equipo de neuronas humanas capaces de entender su frecuencia es el mío. Parece que todos tenemos uno como él, pero no a todos los deportan del gran todo pensante. Quiere que yo piense en él del modo más apropiado en el que los humanos podríamos entenderlo. En un micro segundo entendí que de ahora en adelante estaríamos juntos. De hecho, mientras tecleo estas líneas, el susodicho está pululando a mi derecha tratando de dirigir mis pensamientos. Obviamente no voy a dejarlo, porque si no, estaría siendo una mensajera.

Tiene un nombre. Omakt. No estoy segura de si se escribe o se pronuncia así, pero, debo asignarle algo si me interesa seguir hablando de él. Significa “Nada tiene sentido”, y entiendo que lo bauticé yo misma tan pronto lo vi.

Como les decía, nos comunicamos por telepatía, lo cual es sumamente confuso, pues a veces no sé si las ideas son mías o suyas. Omakt tiene acceso a los pensamientos que yo decido, no puede leer mi mente sobre nada que yo no quiera, lo cual es un alivio, pues yo tengo mi lado oscuro (¿quién no?), el cual no me interesa compartir con nadie, mucho menos con un cúmulo de energía con el que aún no termino de entenderme.

Luego de una extraña introducción, y el susto inicial entendí como que tenía mucha sed y le pedí que me siguiera hasta mi árida nevera, en la que podría faltar jamón y queso, pero jamás un buen vino. El agua estaba fuera de discusión pues parece que era incompatible con su composición energética.

Desenrosqué la tapadera de un frasco de mantequilla de maní y lo llené hasta el borde con un Rivera del Duero de profundo aroma a frutos del bosque y notas de nuez moscada. Omakt “flotó” hacia el líquido con cierta parsimonia hipnótica. A través de él podía ver lo que estaba del otro lado. Se inclinó sobre la tapadera amarilla y extendió un poco de su ser hacia el vino. Pude percibir su cambio de color, verlo dividirse en miles de pedazos y volverse a unir. Y por alguna razón de repente tuve la seguridad de saber que un cangrejo tiene 200 cromosomas. Así de fácil. Simplemente lo supe. Ese es el tipo de cosas que Omakt comenzaría a meter en mi mente cada vez que le daba de beber alguna sustancia con alcohol. Conocimiento básicamente inútil, a menos que estés sentado en el show ¿Quién quiere ser millonario?


Luego de pensarlo un rato, simplemente no me pareció justo tener que sufrir la presencia de Omakt sin sacar de ella ningún tipo de beneficio. Supe que no era saludable que hablara de él con nadie si no quería salir de mi casa metida en una apretada camisa de fuerza. Se estarán preguntando cuál es el problema de tener un amiguito imaginario a mi edad. Eso no le hace daño a nadie. Quizás esa fue una de mis primeras preguntas para Omakt. “¿Tienes algún tipo de manifestación en el mundo real que no sea la de parecer un delirium tremens portátil?” Mi pequeño amigo emitió un sonido como el que hizo cuando le tiré la cartera encima. Parecía estar muy molesto con mi pregunta. Se supone que yo debería estar muy contenta de haber sido elegida para poder experimentar su existencia. Le expliqué que es mi condición como ser humano querer sacarle provecho a mi miseria.

Pues bien, Omakt decidió que no me otorgaría ningún deseo ni algún superpoder ridículo que no se pudiera explicar por medio de las leyes de la naturaleza. Al menos no en ese momento. Hasta el día de hoy (llevo como un mes de conocerlo) solamente cuando sacia su sed me llena la mente de información inútil. Pero no pierdo las esperanzas de que tarde o temprano comience a concederme ciertos privilegios mentales, como borrar los recuerdos de la gente con quien meta la pata o recordar absolutamente todo lo que lea o escuche. Pero mientras no lo pueda probar, cuando me vean por allí, ni se les ocurra preguntarme por Omakt, porque negaré su existencia sin pensarlo dos veces.

martes, 5 de julio de 2011

CHIRIQUÍ GRÁFICO - Símbolo de lucha y civismo

Redacción y foto: Placacuatro Hacemos un reconocimiento en el recuerdo a uno de los símbolos más representativos de una jornada de euforia y civismo que solamente ocurre cuando lo pueblos orientan sus anhelos hacia la consolidación de sus ideales. Caballeros como Ramón Guerra, Carlos E. Landao, Bill Naranjo, Heberto Anguizola, entre muchos, lograron impactar al país sobre la necesidad de intercomunicarnos con el Atlántico para liberarnos de la distancia e incorporarnos a la vida nacional. Honor a los gloriosos “trocheros” de lo años 80. [Artículo Revista Placacuatro - 2da. edición 2011]

Ocurrencias de SOFÍA - Encaletadora de perros

Por: Sofia Miranda 
No me equivoqué de título... no era encantador ni encantadora de perros. El perro es el mejor amigo del hombre. De esto no hay duda, no concibo una infancia sin crecer con un can a tu lado, que te lama la cara cuando estás triste o enfadado, que ilumine tu día cuando crees que nada es posible y sobre todo, que sea tu cómplice de travesuras y te acompañe a explorar en tus aventuras. Un ser que da tanto amor a cambio de nada, solo una caricia que le demuestre cuánto lo quieres. Mi mundo está rodeado por estos increíbles animales, es más, puedo ver a un sarnosito, callejero o Tinaker, y me dan ganas de traérmelo a vivir conmigo. Ha sido así, desde que tengo uso de razón. Tanto así que viviendo en la gran ciudad, estoy pensando en comprarme una casa con un buen patio y tener a todos los perros que me plazcan. Voy a comenzar contándoles de mi primer animal adquirido oficialmente. Blanca como la nieve, tierna, pero rebelde. Así era Morita, una French poodle que me regaló mi abuelita cuando tenía unos seis años, con la que compartí mi infancia y adolescencia. Conocí todo lo que necesitaba saber, mientras esperaba ansiosa a "Morita". Y debo decir que lo tomé tan en serio, pues hasta el nombre me lo copié de un libro con el que me preparó mi abuelita antes de adquirir la mascota. Eso es lo que recuerdo. Pero, ahora de grande, al recordar la historia, dice mi abuelita que me la regaló porque yo me la pasaba: "Abuelita, regálame un perro", y su corazón no pudo negarme la oportunidad de criar a uno. Antes recuerdo que hubo algunos canes en mi casa, pero estaba muy pequeña, pues no me acuerdo de sus nombres, sé que algunos enfermaron y murieron. Otros se escaparon de casa, como le pasó a Beaufort, una Pastora Alemán preciosa, cuyo nombre le pusimos entre mis hermanas y yo, ya que antes de traerla nos habían dicho que era macho, y para sopresa de mi papá, el día que llegó a casa, vio al supuesto machito orinando como hembra... pero ya el nombre estaba elegido. Morita y Beaufort eran compinche. Tan traviesas, que le abrías el portón y se iban corriendo como alma que lleva el diablo. Esto sucedía frecuentemente, pero siempre había un alma piadosa que las regresaban, otras veces los buscábamos en el carro. Pero un día, desafortunadamente Morita llegó sola, sin Beafourt. Fue uno de los días más tristes de mi niñez. Debido a mi tristeza, mi abuelita (que ya me había regalado a Morita) me vió tan afligida que decidió regalarme otro perro grande, para que acompañara a Morita. Así que me llevó a Boquete, donde tiene su finca, a elegir a Sasha, una bella cachorra Pastor Alemán que se robó el corazón de todos. Luego vino Buffy, producto de la segunda orgullosa camada de cachorros de Sasha, con un perro Pastor Alemán bellísimo. Mi papá sabía que había que conservar alguno de estos cachorros. En este intermedio, pasó lo temible. Me fui a estudiar a la ciudad de Panamá, así que no veía frecuentemente a mis mascotas. Ya Morita tenía 14 años y yo recién iba a cumplir 20. Y es que nos encariñamos con nuestras mascotas de una forma inimaginada, pero lamentablemente llega el momento de decirles adiós. Llegué de Panamá y Morita fue atacada por un sapo, tratamos de luchar para salvarle la vida, llamamos al veterinario a las 6:00 a.m. pero fue en vano, él trató con todo, hasta le inyectó el corazón. Entró en una especie de coma, y regresó a casa, nos dijo que había que esperar, así que confiamos que todo estaría bien, pero no respondió, esta vez fue en serio, puesto que no era la primera vez que se enfrentaba a la muerte y la vencía. Me dijeron que los perritos nos cuidan de posibles tragedias, y siempre he pensado de mi Morita me salvó de muchas cosas malas. Al escribir este relato, estoy llorando. No puedo evitarlo. Entonces me prometí no entregar mi amor a otra mascota. Luego murió Sasha, y yo estaba muy lejos, así que no me pegó tanto, y ya ella estaba viejita. Nos quedamos con Buffy, criado por mis padres, era un perro que tenía un futuro prometedor, hasta lo llevaron a entrenar. Pero tampoco tuvimos suerte, no prestaba mucha atención y una vez trató de atacar a mi hermana. Si mi mamá no mete la mano, quien sabe lo que hubiera pasado. Sugierieron que lo sacrificaran y que lo regalaran, pero me opuse y mi padre no dejó que sucediera. Así que se quedaron con él. De allí, la lista sigue... una compañera de universidad en Panamá, escuchaba mis historias de los perros de la familia. Conmovida llegó un día con una poodle colonense, preciosa. Pero no la podía tener en el apartamento, así que decidí llevarla para mi provincia para un Día del Padre. Cuando llegué, mi papá no quería saber del animal. Luego accedió a cuidarla si le ponía Zizou, como su estrella de fútbol favorito y se hicieron súper amigos. Buffy pasó a mejor vida de una forma extraña, que aún no me han podido explicar, pues no era tan viejo como para morir. A los años, Zizou también falleció, una fatídica noticia que me causó muchísima tristeza, pues la poodle tenía la capacidad de hacerse querer, hasta del más gruñón y nos enseño a todos lo simple que puede ser la vida, si nos lo proponemos. Luego, mis padres encontraron a una perrita abandonada a su suerte, y la adoptaron. Le pusieron Dobber, ya que es una extraña mezcla entre Doberman y Pastor Alemán. Es excelente con los niños y buena cuidadora, para nada agresiva. La historia no ha terminado. Hace unos meses me regalaron un labrador negro, al que pusimos Gottem, de pelaje negro brillante, era el perro más lindo que había visto. Mis días se iluminaron, olvidé todo y volví a entregar mi corazón. Pero, surge la pregunta... ¿cómo uno puede criar a un perro en un apartamento de 95 metros cuadrados? Fácil... sacándolo a pasear y dejando que te dañe lo poco que has podido comprar, ¿a qué precio? Pasaron dos meses con Gottem, los más increíbles de mi vida, pues la emoción de tener un perro en la ciudad, era enorme. Pero lamentablemente tenerlo se había convertido en un problema, pues me arrastraba al pasearlo, lo mordía todo, se trepaba en la cama, regaba las plantas y la tierra la ponía de alfombra... y la lista sigue. Con toda la tristeza de mi alma, llamé a mi abuelita y le dije que si quería a mi mascota. Ella de lo más alegre lo mandó a buscar, al principio Gottem se adaptó a su finca de lo mejor. Pero no pudo con sus travesuras. Y allí estamos, el perro, de nuevo en la casa de mis padres, donde vivieron Morita, Sasha, Buffy, Zizou y ahora Dobber. ¿Podrán convivir con el labrador sin tener que echar de la casa a la pobre Dobber, que no ha hecho más que querer a mis padres? ¿Podré tener el perro de mis sueños algún día en mi pequeño departamento? P4 [Artículo Revista Placacuatrio - 2da. edición 2011]